Santa Rita de Casia nació en mayo de 1381 en Rocaporena, un pueblo a 5 kilometros de Cascia, en italia, siendo sus padres ya mayores.
Desde su bautizo, las abejas blancas se acercaban a su boca y depositaban miel sin hacerle año.
Mientras ella dormía dentro de una cesta, uno de los campesinos se percató de lo que ocurría, tenía su brazo herido, pero aún así intentó espantar a las abejas, y sucedió que la herida de su brazo se curó.
Desde niña, Rita deseaba ser religiosa, sin embargo, sus padres querían casarla, y terminó por acceder, en obediencia, así que a los catorce años contrajo matrimonio.
Su esposo, Paolo, tenía el vicio de la bebida, de las mujeres, en general, sus maneras eran todo lo contrario a Rita.
Pero ella le fue fiel, oraba con intensidad por su conversión. Al igual que Santa Mónica, se decantaba por el silencio antes que por la pelea.
Además, Dios sabe hasta dónde podemos, y con lo demás hace su obra.
Para dar de comer a los hambrientos, Rita decidió esconder el pan en su ropa, cuando Paolo tuvo lo menor sospecha, la revisó, pero no fue pan lo que encontró, sino rosas.
Tuvieron dos hijos, que al parecer seguían el camino de su padre. Luego de veinte años de matrimonio, Paolo se convirtió.
Dios salvó el alma de su esposo, antes de que sus enemigos, por su pasada conducta, le dieran muerte.
Los hijos querían vengarse, pero Rita, recordando que más vale salvar el alma que el cuerpo, le pidió a Dios que no los dejara cometer aquel pecado.
Y así fue, sus dos hijos murieron de una enfermedad, en la que ella los socorrió y les habló con su fe.
Años más tarde, Rita le pidió pruebas a Dios de que sus hijos estaban en el cielo. En pleno invierno, recibió una rosa y un higo.
Luego de quedarse sin su familia, quiso entrar al convento de agustinas, mas las religiosas dudaban en aceptarla, ya porque había estado casada o porque veían esa iniciativa como un efecto de su duelo.
Su entrada al convento fue milagrosa. San Juan Bautista, San Nicolás de Tolentino y San Agustín la despertaron, la hicieron correr por las calles, y desde el lugar donde Rita solía orar, la elevaron.
Rita se encontró arriba del monasterio de Santa María Magdalena, entro en éxtasis, luego, cayó en el lugar del coro, donde las hermanas agustinas oraban.
Ante aquel milagro de su llegada, las monjas no pudieron negarse. Rita se casó con el Señor ese mismo año, cumpliendo su sueño.
Un día, fue puesta a prueba por su madre superiora, quien le ordenó regar una planta muerta todos los días.
Cuál fue su sorpresa una mañana, que la planta se había convertido en vid, dando uvas que las religiosas podían usar para el vino sacramental.
En 1443, luego de escuchar un sermón sobre la pasión de Cristo, Rita le pidió al Señor ser participe de sus sufrimientos.
Y así ocurrió, recibió una marca de la corona de espinas en su frente, este estigma, cabe destacar, no olía a rosas, como con otros santos.
Sus llagas olían a podrido, por lo tanto, ella se recluyó durante quince años, solamente el Señor le quitó el estigma durante una peregrinación a Roma.
Los últimos cuatro años de su vida, padeció enfermedad, vio como su cuerpo se consumía, pero su alma tenía paz.
Le llevaron rosas que habían brotado en Rocaporena durante el frío invierno, una muestra de la esperanza que estaba ella por llevar al mundo entero.
De hecho, tan pronto falleció, su cuerpo comenzó a expedir olor a rosas, curioso, pues sus llagan olían a podrido. Nuestro Señor tiene sus caminos.
Dos siglos después de su fallecimiento, durante semana santa, las abejas blancas emergían de las paredes del monasterio de las agustinas donde está su cuerpo incorrupto, y permanecían allí hasta la fiesta de Santa Rita, el 22 de mayo.
El Papa Urbano VIII, responsable de la beatificación, pidió una de las abejas para investigarla, luego de esto le ató un listón de seda. Esa misma abeja retornó al monasterio de Cascia durante la próxima semana santa.
Santa Rita de Casia fue beatificada en 1627 y canonizada en 1900. Podemos acudir a su intercesión por las enfermedades, los problemas en el matrimonio, el abuso, las heridas, la paz en nuestra familia y los casos imposibles.
Fue una esposa y madre paciente, incansable en la oración por la conversión de su esposo, también fue una religiosa ejemplar y, sobre todo, una persona que amó con intensidad e imitó a Cristo.
Santa Rita de Casia, ruega por nosotros.




