Nacida el 25 de marzo de 1347, la vida de Santa Catalina de Siena comienza dentro de una familia numerosa, su madre tenía cuarenta años y había dado a luz a veintidós hijos, de los cuales la mitad murieron pronto.

Ella es la penúltima de veinticinco hijos. Tenía una hermana gemela llamada Giovanna, quien fue entregada a una nodriza y falleció al poco tiempo, el conocimiento de esto causó un impacto psicológico en Catalina.

Su siguiente hermana en nacer era muy amada por ella, y falleció durante un parto, pero aun así, se mostró alegre desde pequeña.

Sus hermanos la apodaron Eufrosina (en griego significa alegría). Con tan solo siete años, hizo voto de castidad.

A los quince años, sus padres pensaban en casarla, y dada su negativa Catalina tuvo muchos trabajos dentro del hogar, pero esto solo afianzó su vocación.

Su padre se convenció luego de ver que una paloma se posaba en la cabeza de Catalina mientras ella oraba.

Entró a la hermandad laica de penitentes de Santo Domingo, donde se sometía al cilicio (un accesorio utilizado como medio de mortificación corporal) y a prolongados períodos de ayuno, solo alimentada por la Eucaristía. 

Las visión que tuvo del purgatorio, la hizo entender el profundo dolor de las almas que aún no están en el cielo, así que procuraba llevar una vida de sacrificios en favor de estas almas.

También vio a Jesucristo en su trono, en el cielo, y las terribles penas del infierno.

Durante la peste negra (que tuvo como saldo un tercio de la población) ella ayudaba a los enfermos.

Por la misma enfermedad, desapareció una gran cantidad de conventos, y en los que quedaron algunas personas que entraban no era por vocación, sino que lo vieron como una forma de sobrevivir.

Además, en Italia se vivió una situación política complicada, con fieles e incluso cardenales descontentos con el papa.

Catalina no sabía leer ni escribir, pero tenía personas de su confianza a quienes dictaba.

Dirigió cartas a muchos hombres y mujeres, desde gente sencilla hasta reyes y papas.

Por la situación política social de descontento con la santa sede, el papa se encontraba en Aviñón, Catalina lo convenció en 1372 para que regresara a Roma.

Luego de que Gregorio XI se instala, Catalina intercede como mediadora para lograr la paz entre Florencia y Roma.

Al fallecimiento de Gregorio XI, lo sigue el cisma de occidente, que duró de 1378 a 1417.

Hubo una división de la Iglesia en dos bandos: los que apoyaban al papa Urbano VI (que criticó actitudes de los cardenales), y los que apoyaban a Clemente VII (electo por cardenales descontentos con Urbano VI).

Santa Catalina de Siena apoyó a Urbano VI, además, para este entonces ella ya tenía los estigmas invisibles, que le causaban dolor.

Dicta el Dialogo de la Divina Providencia, comúnmente solo llamado Dialogo, entre 1377 y 1378. Y fallece a sus treinta y tres años, el 29 de abril de 1380.

Fue declarada santa en 1461; en 1939, patrona de Italia junto a San Francisco de Asís; en 1970 se le proclama doctora de la iglesia, y es la segunda mujer en ser declarada como tal muy poco tiempo después de Santa Teresa de Jesús.

En 1999, durante el pontificado de San Juan Pablo II, se convierte en una de las santas patronas de Europa, junto a Santa Teresa Benedicta de la Cruz y Santa Brígida de Suecia.

Pedimos a Santa Catalina de Siena, valiente evangelizadora y agente de paz, que interceda ante Dios para sumarnos a promover la paz en nuestra familia, iglesia y el mundo entero.

Asimismo, para defender al sucesor de San Pedro, que está al frente de grandes trabajos por amor a Dios.

Si Dios ya sembró algo en tu corazón, deja que florezca en palabras

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