Jesucristo enseña a orar sin desfallecer, orar en todo momento, desde estando con Dios en tu día a día, que es lo más importante (la oración contemplativa) como con las oraciones que la Madre Iglesia pone a nuestra disposición.
Algunas están relatadas dentro del evangelio, otras son tradición de años y otras son con las que Dios concede gracias particulares por intercesión de santos.
El Padre Nuestro
La oración que Jesús enseñó a sus discípulos y a nosotros nos ayuda a dirigirnos a Dios padre con siete peticiones, las primeras por Dios, las siguientes por nosotros.
Con ella, nos dirigimos a Dios como nuestro padre, pidiendo su ayuda en nuestras necesidades y en las suyas.
Se reza durante el rosario mariano, antes de recibir la comunión, y también es bueno por la mañana.
Padre Nuestro, que estás en el cielo, Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en tentación, libranos del mal.
El Magnificat
Son las palabras con las que la Virgen María responde a su prima Isabel cuando Isabel menciona que María es la Madre de Dios.
Es bueno rezarla y recordarla en los momentos en que alguien nos hace un halago, pues todo es por gracia de Dios, también en los momentos en que necesitamos la humildad de nuestra madre o después de la coronilla de la misericordia.
Glorifica mi alma al señor, y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi Salvador, pues ha puesto sus ojos en la humilde sierva suya, y ved aquí el motivo por el que me tendrán por dichosa y feliz todas las generaciones, pues ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.
Santo es su nombre y su misericordia se extiende de generación en generación a todos cuantos le temen, extendió el brazo de su poder, disipó el orgullo de los soberbios, trastornando sus designios, desposeyó a los poderosos, elevó a los humildes. A los necesitados los llenó de bienes y a los ricos los dejó sin cosa alguna, exaltó a Israel, su siervo, acordándose de él por su gran misericordia y bondad, así como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a toda su descendencia por los siglos de los siglos, amén.
Oh Jesús Mío
Es una forma de hacer acto de contrición, donde te reconoces pecador y necesitado de la gracia de Dios.
Oh, Jesús mío, me arrepiento de haberte ofendido, porque eres infinitamente bueno, padeciste y moriste por mí, clavado en la cruz, te amo con todo mi corazón y propongo con tu gracia no volver a pecar.
El Angelous
Es el saludo del ángel a María, reconociendo que ella sería verdadera madre del Dios vivo, en esta oración se resume lo ocurrido durante La Anunciación.
Puede rezarse a las doce del medio día, a las seis de la tarde y de la mañana, lo más común es al medio día, porque a esa hora ocurrió La Anunciación.
El Ángel de Señor anunció a María, y ella concibió por obra del espíritu Santo.
Dios te salve María, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega Señora por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.
He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve María, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega Señora por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.
Y el verbo se hizo hombre, y habitó entre nosotros.
Dios te salve María, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega Señora por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.
Oración a San Miguel Arcángel
En el libro del apocalipsis se narra que el arcángel San Miguel luchó contra el enemigo.
Podemos recurrir a su intercesión durante las tentaciones o cuando tengamos miedo en nuestro caminar.
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha, sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio, que Dios manifieste sobre él su poder es nuestra humilde suplica, y tú, oh, príncipe de la milicia celestial, por el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas, amén.
La Salve
Es una oración con tradición y fervor de siglos, puede rezarse en español o latín, durante el rosario mariano, después de los misterios y antes de las letanías.
Dios te salve, reina y Madre, Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve, a ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas, ea pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros, esos tus ojos misericordiosos.
Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre, oh clemente, oh piadosa, oh dulce siempre virgen María, ruega por nosotros, Santa Madre de Dios para que seamos dignos y merecedores de alcanzar las divinas gracias y promesas de Dios nuestro Señor, amén.
En Latín:
Salve. Regina, mater misericordiae. Vita, dulcedo, et spes nostra, salve.
Ad te clamamus, exsules, filii evae. Ad te suspiramus, gementes et flentes
In hac lacrimarum valle. Eia ergo, Advocata nostra, illos tuos misericordes oculos ad nos converte.
Et lesum, benedictum fructum ventris tui, Nobis post hoc exsilium ostende.
O Clemens, O pia, O dulcis Virgo Maria. Ora pro nobis sancta Dei Genetrix.
Ut digni efficiamur promissionibus Christi. Amen.
Las oraciones católicas poderosas vienen de Dios, de la humildad de María, de la comunión de los santos.
Nosotros vamos a Dios, por el camino de María, que lo llevó en su vientre; y por la intercesión de los santos, que son un ejemplo de vida aquí en la tierra.




