Hay momentos en nuestra vida en que de verdad llegamos a perder la paz por dinero, pero olvidamos que el dinero no lo es todo.

Es más importante estar con nuestra familia, disfrutarla, que trabajar incansablemente por llevar dinero al hogar.

Un hogar, primero, se construye con amor, y la verdad, ese slogan de Master Card va directo al punto: “Hay cosas que el dinero no puede comprar”.

No puede comprar más tiempo con nuestros seres queridos que ya han dado cuentas a Dios.

Tampoco podemos comprar un día más de vida, podemos ser felices con lo que tenemos, sí luchar por prosperar, pero no poner toda nuestra confianza en nuestras fuerzas.

Hay gente rica que teniendo mucho dinero no pueden comprar la salud, o que llegan a gastar su fortuna en médicos.

El dinero va y viene. La felicidad no está en tenerlo, sino en gastarlo con quienes amamos, porque estamos en este mundo y nos servimos de cosas pasajeras.

Pero la verdadera meta no está aquí donde la polilla llega al dinero, sino en el Cielo, donde está Dios que nos creó a su imagen y semejanza.

Somos de la realeza, pero tenemos que dar cuentas. Y Dios, como padre amoroso, quiere que seamos felices para siempre.

Sin poner el corazón en algo tan efímero como el dinero, ponlo en manos de quien te ama, de quien solo quiere tu santidad.

Si Dios ya sembró algo en tu corazón, deja que florezca en palabras

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