Quizás has sentido que en tu trabajo, tu vida personal e incluso tu situación amorosa estás estancado.

Una sensación de que ya no puedes, ya no tienes fuerzas, no puedes ir más lejos, pero también has llegado a un puesto particular.

Lo primero es que estar estancado no es estar en pausa, lo que sientes es una sensación mientras el mundo sigue girando y las personas a tu alrededor tienen sus propios problemas.

Solemos pensar que nuestro problema es el más grande, el más difícil, el más incomprensible, hasta que vemos a alguien que nos llama la atención.

La vida no es fácil para nadie, tampoco es una línea en diagonal donde siempre tienes que sobresalir, es un camino.

Tiene baches, montañas, tropiezos y saltos. Si solo tuviera cosas lindas, no nos sorprendería, si siempre todo nos saliera bien, no existiría esa satisfacción personal que sentimos cuando superamos las dificultades.

No permitas que el ruido, que las opiniones de los demás, e incluso esa voz interna tuya te arruine el día.

Tú siempre puedes elegir cómo reaccionar ante las dificultades y permanecer regio, impertubable.

Esto último, ciertamente, solo es posible de la mano de una ayuda misericordiosa, de Dios, porque nadie puede nada solo.

Es esa misma sensación de querer lograr cosas nosotros solos lo que dificulta todo, no tienes que crecer tú solo a la perfección.

Puedes ir creciendo poco a poco, de la mano de Dios, que te va orientando si te mantienes atento.

La sensación de sentirte estancado se supera primeramente reflexionando sobre por qué te sientes así.

Ningún médico puede curar una enfermedad no diagnosticada.

Está bien no sentirte tan bien, solo reflexiona acerca de ello, toma la mano de Dios y pídele que te ayude, cada día puede ser un pasito, pero entre varios pasitos vamos llegando al cielo.

Si Dios ya sembró algo en tu corazón, deja que florezca en palabras

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