El Pan de Vida es Cristo, Él sacia el hambre del mundo entero. Porque todos buscamos felicidad (y a veces donde no la hay), pero Dios literalmente se da.
La gente buscaba a Jesús para que les diera alimento, Él les dijo que no trabajemos por el alimento que se acaba, y como desde entonces pidieron, el Señor nos ha dado siempre de ese Pan.
Los milagros eucarísticos hacen constar que en la Hostia Consagrada está la verdadera carne de Dios.
Estamos invitados a alimentarnos con Cristo, que es el Pan vivo bajado del Cielo. Él está en la hostia que se consagra durante misa.
Él nos dará fuerza para desterrar la aspereza, la ira, la indignación, los insultos y toda clase de maldad, para ser buenos, comprensivos, perdonarnos unos a otros.
El que viene a Dios no tendrá hambre, y el que cree en Él no tendrá sed, por lo tanto, recibimos la Comunión como algo sublime.
En Tiempos De San Antonio De Padua
Alguien dijo que si una mula que no había comido en tres días se arrodillaba ante el Pan dentro de la custodia, aun mientras se le tiraba comida, esa persona también adoraría el Pan.
La mula, mientras San Antonio decía que hiciera reverencia a su creador para que todos entiendan la verdad del Altísimo Sacramento, no prestando atención a la comida, avanzó y dobló respetuosamente las rodillas ante el Santo que tenía levantada la Sagrada Hostia, y solo se incorporó hasta que se lo permitió.
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